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Aprende a ser feliz con lo que tienes
© Esther Mena, 2026
Aprende a ser feliz con lo que tienes,
con la pequeña luz de cada día,
con el silencio que abraza la tarde
y la palabra dulce de una compañía.
Aprende a mirar con ojos agradecidos
el pan compartido sobre la mesa,
la mano que te acaricia sin prisa
y el tiempo que poco a poco se detiene.
No busques siempre lo que falta,
ni corras detrás de un mañana incierto;
la vida a menudo es más plena
en lo sencillo que ya hemos abierto.
Porque la felicidad no grita,
ni viste ropas de grandeza;
habita callada dentro del alma
cuando el corazón aprende la sencillez.
Aprende a ser feliz con lo que tienes,
con el instante que ahora te acompaña:
quizás es aquí, en este momento,
donde la vida verdadera nos alcanza.
Aprende a ser feliz con lo que tienes,
con la luz sencilla de una nueva mañana,
con el canto de un pájaro en la ventana
y el camino tranquilo que tienes ante ti.
No desees siempre otros horizontes
ni sueños vestidos de lejanía;
la vida guarda sus tesoros
en la pequeña y callada alegría.
En un gesto amable,
en una mano que sostiene la tuya,
en el silencio que habla al alma
cuando el corazón aprende a escuchar.
Aprende a agradecer lo que te rodea:
el pan, la casa, la mirada amiga,
porque la felicidad más profunda
nace a menudo de una vida sencilla.
Aprende a ser feliz con lo que tienes,
con el momento que ahora te visita;
quizás es aquí, en esta calma,
donde Dios esconde su infinita vida.
Aprèn a ser feliç amb allò que tens
© Esther Mena, 2026
Aprèn a ser feliç amb allò que tens,
amb la petita llum de cada dia,
amb el silenci que abraça la tarda
i la paraula dolça d’una companyia.
Aprèn a mirar amb ulls agraïts
el pa compartit sobre la taula,
la mà que t’acarona sense pressa
i el temps que a poc a poc s’atura.
No busquis sempre allò que falta,
ni corris darrere d’un demà incert;
la vida sovint és més plena
en allò senzill que ja hem obert.
Perquè la felicitat no crida,
ni vesteix robes de grandesa;
habita callada dins l’ànima
quan el cor aprèn la senzillesa.
Aprèn a ser feliç amb allò que tens,
amb l’instant que ara t’acompanya:
potser és aquí, en aquest moment,
on la vida veritable ens guanya.
Aprèn a ser feliç amb allò que tens,
amb la llum senzilla d’un nou matí,
amb el cant d’un ocell a la finestra
i el camí tranquil que tens davant teu.
No desitgis sempre altres horitzons
ni somnis vestits de llunyania;
la vida guarda els seus tresors
en la petita i callada alegria.
En un gest amable,
en una mà que sosté la teva,
en el silenci que parla a l’ànima
quan el cor aprèn a escoltar.
Aprèn a agrair el que t’envolta:
el pa, la casa, la mirada amiga,
perquè la felicitat més fonda
neix sovint d’una vida senzilla.
Aprèn a ser feliç amb allò que tens,
amb el moment que ara et visita;
potser és aquí, en aquesta calma,
on Déu amaga la seva infinita vida.
Donde habita el tiempo
© Esther Mena, 2026
Sin darme cuenta,
han pasado los años
casi sin querer.
La vida me ha hecho trabajar duro,
me ha empujado, me ha moldeado,
y casi sin preguntarme
he llegado a la sesentena
con una mochila llena.
Llena de conocimiento,
de experiencia,
y de un amor que no se acaba.
Me ha enseñado a ser hija,
a ser madre,
y ahora, abuela,
con las manos abiertas
y el corazón más grande que nunca.
He aprendido a caer
y a levantarme en silencio,
a sostener a otros
cuando yo también temblaba.
Y en medio de todo,
he hecho realidad un sueño:
poner palabras a la vida
y dejarlas escritas
para no perderme.
Ahora sé
que los años no pasan en vano,
que cada herida escribe
y cada amor transforma.
Y que, a pesar del cansancio,
a pesar de los días difíciles,
sigo caminando
con luz en los ojos
y un deseo de vivir.
Porque el tiempo
no me ha quitado nada:
me lo ha enseñado todo,
me lo ha dado todo.
On habita el temps
© Esther Mena, 2026
Sense adonar-me’n,
han passat els anys
gaiebé sense voler.
La vida m’ha fet treballar de valent,
m’ha empès, m’ha modelat,
i gairebé sense preguntar-me
he arribat a la seixantena
amb una motxilla plena.
Plena de coneixement,
d’experiència,
i d’un amor que no s’acaba.
M’ha ensenyat a ser filla,
a ser mare, i àvia,
amb les mans obertes
i el cor més gran que mai.
He après a caure
i a aixecar-me sense fer soroll,
a sostenir els altres
quan jo també tremolava.
I enmig de tot això,
he fet realitat un somni:
posar paraules a la vida,
i deixar-les escrites
per no perdre’m.
Ara sé
que els anys no passen en va,
que cada ferida ens escriu,
i cada amor ens transforma.
I que, malgrat el cansament,
malgrat els dies difícils,
encara camino
amb llum als ulls
i un desig de viure.
Perquè el temps
no m’ha pres res:
m’ ho ha ensenyat tot,
m’ho ha donat tot.
A pesar de todo
© Esther Mena, 2026
A pesar de todo
sueño,
no para huir,
sino para quedarme
de pie dentro de lo que duele.
Porque si no soñamos,
la realidad no nace,
se queda a medio camino
de lo que podría ser.
La esperanza no es ingenuidad,
es una herida abierta
que decide
no cerrarse del todo.
Hay días
en que el desencanto llama fuerte,
trae el nombre del cansancio
y la voz del “ya no puedo más”.
Pero yo lo detengo en el umbral,
con manos pequeñas
y un corazón cansado,
pero vivo.
Porque aún creo
que amar sostiene,
que soñar empuja,
y que, a pesar de todo,
mañana
puede ser
un poco más de luz
que hoy.
Malgrat tot
© Esther Mena, 2026
Malgrat tot
somio,
no per fugir,
sinó per quedar-me
dreta dins del que fa mal.
Perquè si no somiem,
la realitat no neix,
es queda a mig camí
del que podria ser.
L’esperança no és ingenuïtat,
és una ferida oberta
que decideix
no tancar-se del tot.
Hi ha dies
que el desencís truca fort,
porta el nom del cansament
i la veu del “ja no puc més”.
Però jo l’aturo al llindar,
amb mans petites
i un cor cansat,
però viu.
Perquè encara crec
que estimar sosté,
que somiar empeny,
i que, malgrat tot,
demà
pot ser
una mica més de llum
que avui.
Estamos de paso
© Esther Mena, 2026
Aunque somos únicos,
irrepetibles como cada latido,
nadie es imprescindible.
Nos gusta pensar que el mundo se detendría sin nosotros,
que nuestra ausencia haría temblar los cimientos,
que lo que hacemos sólo lo sabemos hacer nosotros.
Pero la vida sigue su camino.
Imparable.
Serena.
Indiferente a nuestro orgullo.
Cuando uno no puede seguir,
cuando el cansancio vence,
cuando la enfermedad,
el tiempo o el destino nos apartan del trayecto,
hay otro que se pone.
Quizás no igual.
Quizás no con la misma mirada.
Pero el camino no está vacío.
Somos importantes, sí.
Para quienes amamos.
Para las pequeñas huellas que dejemos.
Para los gestos que cambien un instante.
Pero no somos eternos. No somos insustituibles.
Y quizá entenderlo nos haría vivir distinto.
Menos prisa.
Menos orgullo.
Más verdad.
Porque estamos de paso en un mundo complicado,
donde luchamos por nuestros objetivos,
defendemos ideales,
levantamos muros y conquistamos sueños…
Y aún así, un día,
el lugar que ocupábamos
tendrá otro nombre.
Aceptarlo no hace pequeños.
Nos hace conscientes.
Nos hace humanos.
Y quizá la grandeza no sea imprescindibles,
sino ser luz mientras estamos ahí.
Estem de pas
© Esther Mena, 2026
Tot i que som únics,
irrepetibles com cada batec,
ningú no és imprescindible.
Ens agrada pensar
que el món s’aturaria sense nosaltres,
que la nostra absència faria tremolar els fonaments,
que allò que fem
només ho sabem fer nosaltres.
Però la vida continua el seu camí.
Imparable.
Serena.
Indiferent al nostre orgull.
Quan un no pot seguir,
quan el cansament venç,
quan la malaltia, el temps o el destí
ens aparten del trajecte,
n’hi ha un altre que s’hi posa.
Potser no igual.
Potser no amb la mateixa mirada.
Però el camí no queda buit.
Som importants, sí.
Per als qui estimem.
Per a les petites petjades que deixem.
Per als gestos que canvien un instant.
Però no som eterns.
No som insubstituïbles.
I potser entendre-ho
ens faria viure diferent.
Menys pressa.
Menys orgull.
Més veritat.
Perquè estem de pas
en un món complicat,
on lluitem pels nostres objectius,
defensem ideals,
aixequem murs i conquerim somnis…
I tot i així,
un dia, el lloc que ocupàvem
tindrà un altre nom.
Acceptar-ho no ens fa petits.
Ens fa conscients.
Ens fa humans.
I potser la grandesa no és ser imprescindibles,
sinó ser llum mentre hi som.
Cuando el agua se lo lleva todo
© Esther Mena, 2026
Marta pasó
como pasan las cosas que no piden permiso.
Agua dentro de las casas,
agua dentro de los recuerdos,
puertas abiertas a la fuerza
y vidas arrastradas por el barro.
Hubo quien huyó con lo puesto,
quien miró atrás
sabiendo que ese gesto
ya era una despedida.
Casas sin fotos,
coches mudos,
camas vacías de futuro.
Y una mujer
que no quiso salvarse sola.
Volvió por su perro,
porque el amor no entiende de órdenes ni de miedo.
El agua se la quedó,
pero no pudo arrebatarle
la dignidad del gesto.
Perderlo todo
no es solo quedarse sin paredes.
Es quedarse sin ayer,
sin ese rincón donde el tiempo olía a hogar.
Yo lo sé.
El fuego también quiso todo de mí.
Y todavía hoy, a veces,
camino entre cenizas que nadie ve.
Pero hay algo
que ni el agua ni el fuego pueden destruir:
la mano que ayuda,
la mirada que comprende,
el corazón que dice no estás sola.
Por todos los que han huido,
por todos los que han perdido,
por la mujer que amó hasta el final
y por quienes, como yo,
saben lo que es empezar de cero
con el alma empapada.
Que la vida, algún día,
les vuelva a abrir una puerta.
Aunque sea pequeña.
Aunque sea despacio.




