© Esther Mena, 2026.
Hay días en los que no digo nada,
pero por dentro me habitan mil palabras,
recuerdos que todavía me hacen compañía
y ausencias que se sientan a mi lado.
He aprendido que no todo aquello que amamos
está destinado a quedarse,
que hay abrazos que duran un instante
y, a pesar de todo, nos acompañan toda la vida.
También he aprendido a mirarme en silencio,
a recoger los pedazos de los días difíciles,
a hacer las paces con mis heridas
y a seguir caminando, aunque pese.
Porque el tiempo no siempre lo cura todo,
pero nos enseña a vivir con las grietas,
a encontrar un poco de luz en la tristeza
y a amar sin pedir garantías.
Y ahora sé que crecer también es esto:
dejar ir sin dejar de amar,
aceptar que algunas historias terminan
y que nosotros, a pesar de todo, continuamos.
Porque al final,
no nos define quién se queda en nuestra vida,
sino todo el amor que somos capaces de dar y recibir incluso cuando alguien ya no está.
