© Esther Mena, 2026.
Hay sueños que viven despiertos,
guardados detrás de una ventana,
mientras el verano pasa despacio
y el calendario sigue avanzando.
Sueños de viajes y vacaciones,
de mares lejanos y nuevos caminos,
que muchos conservan en silencio
porque el bolsillo no les deja partir.
Pero también existen pequeñas escapadas:
un paseo junto al río,
una tarde en la playa,
la sombra fresca de un bosque,
instantes sencillos que alivian el alma.
Hay quien imagina la lotería,
un número afortunado,
y piensa en todo lo que haría:
la casa soñada, los viajes pendientes,
la ayuda a los seres queridos.
Sin embargo, la felicidad
no siempre llega envuelta en riqueza.
A veces nace en una conversación,
en una risa compartida,
en la calma de una tarde cualquiera.
Porque los sueños no siempre se compran.
Muchos florecen en corazones humildes,
en quienes tienen poco
pero conservan la esperanza intacta.
Y así siguen caminando,
día tras día,
buscando esa felicidad sencilla
que suele esconderse muy cerca,
allí donde habitan el cariño,
la dignidad y la ilusión.

Muy intenso cómo lo que e leído dé tus historias muy personal no cambies nunca…..
No cambies nunca nunca…….