© Esther Mena, 2026
A pesar de todo
sueño,
no para huir,
sino para quedarme
de pie dentro de lo que duele.
Porque si no soñamos,
la realidad no nace,
se queda a medio camino
de lo que podría ser.
La esperanza no es ingenuidad,
es una herida abierta
que decide
no cerrarse del todo.
Hay días
en que el desencanto llama fuerte,
trae el nombre del cansancio
y la voz del “ya no puedo más”.
Pero yo lo detengo en el umbral,
con manos pequeñas
y un corazón cansado,
pero vivo.
Porque aún creo
que amar sostiene,
que soñar empuja,
y que, a pesar de todo,
mañana
puede ser
un poco más de luz
que hoy.
