© Esther Mena, 2026
Sin darme cuenta,
han pasado los años
casi sin querer.
La vida me ha hecho trabajar duro,
me ha empujado, me ha moldeado,
y casi sin preguntarme
he llegado a la sesentena
con una mochila llena.
Llena de conocimiento,
de experiencia,
y de un amor que no se acaba.
Me ha enseñado a ser hija,
a ser madre,
y ahora, abuela,
con las manos abiertas
y el corazón más grande que nunca.
He aprendido a caer
y a levantarme en silencio,
a sostener a otros
cuando yo también temblaba.
Y en medio de todo,
he hecho realidad un sueño:
poner palabras a la vida
y dejarlas escritas
para no perderme.
Ahora sé
que los años no pasan en vano,
que cada herida escribe
y cada amor transforma.
Y que, a pesar del cansancio,
a pesar de los días difíciles,
sigo caminando
con luz en los ojos
y un deseo de vivir.
Porque el tiempo
no me ha quitado nada:
me lo ha enseñado todo,
me lo ha dado todo.





