Dia 23 d abril, diada de Sant Jordi, venda del llibre “Ruth: Un mundo entre el sonido y el silencio“, a la llibreria InScrap.
Carrer cervantes, 12
Sant Pere de Ribes.
Esther Mena – Revelando verdades, transformando vidas.
Escritora y narradora. Apasionada de las novelas basadas en historias reales y que revelan las verdades en las profundidades de la experiencia humana.
Dia 23 d abril, diada de Sant Jordi, venda del llibre “Ruth: Un mundo entre el sonido y el silencio“, a la llibreria InScrap.
Carrer cervantes, 12
Sant Pere de Ribes.
En un rincón del alma
descansa un lecho olvidado,
no es de sábanas ni de sueños,
sino de silencios que hieren.
Se esconde en la penumbra
la sombra de palabras no dichas,
la cama se vuelve testigo
de batallas internas, de ausencias.
Cada pliegue, cada arruga,
marca el eco de un adiós
y la rabia que se esconde
tras la aparente calma.
Pero en el susurro del tiempo
brotan semillas de reconciliación,
un verso, un latido que reconquista
el derecho a ser y a sanar.
Las personas con síndrome de Down y otras discapacidades pueden ser plenamente capaces dentro de sus posibilidades y habilidades. Con apoyo adecuado, educación y oportunidades, pueden desempeñar diversos roles en la sociedad y en el ámbito laboral. Sin embargo, la inclusión no siempre es auténtica.
Las empresas que contratan a personas con discapacidad suelen recibir beneficios fiscales o subvenciones, lo que puede ser un incentivo positivo para fomentar la inclusión. Sin embargo, cuando la contratación se hace solo por el beneficio económico, sin ofrecer un entorno de trabajo real y adecuado, se cae en la “falsa inclusividad”. Es decir, las personas son contratadas solo para cumplir una cuota, pero no se les da un trabajo significativo ni se les integra realmente en el equipo.
La inclusión verdadera requiere cambios estructurales: adaptar los puestos de trabajo, ofrecer formación y generar un ambiente en el que todos sean valorados por sus capacidades y no solo por cumplir con una normativa.
Eso suena muy injusto y doloroso, sobre todo después de tantos años luchando por la inclusión. Que no le renueven una y otra vez, y además con mentiras, demuestra que muchas empresas siguen viendo a las personas con discapacidad como un trámite en lugar de valorar sus capacidades reales.
Para Kevin: Un camino de valor y perseverancia
Kevin, sé que este momento puede sentirse como un golpe duro, como si el esfuerzo y la dedicación no fueran suficientes ante la injusticia. Pero quiero recordarte algo: tu valor no lo define un contrato ni la decisión de una empresa. Tú eres mucho más que eso.
A lo largo de tu vida, has demostrado que las barreras solo existen para ser desafiadas. Has trabajado con esfuerzo, con pasión y con compromiso. Eso es lo que realmente importa. Lo que hiciste y sigues haciendo deja huella, aunque algunos no lo reconozcan.
Las oportunidades no siempre llegan en el momento que esperamos, pero quiero que sepas que tú mereces un lugar donde te valoren por lo que eres, por tu capacidad, por tu dedicación y por el enorme corazón que pones en todo lo que haces.
No dejes que esta situación apague tu luz. Sigue adelante, porque hay personas que ven en ti lo que realmente vales. Y esas personas son las que de verdad importan.
Confía en que algo mejor está por venir. Y recuerda: no estás solo. Estamos aquí para apoyarte y para recordarte que tu camino aún tiene muchas puertas por abrir.
Con todo mi cariño y admiración Kevin.!!!
La cama me ata con hilos de sueño,
un mar de ideas me cubre la piel.
Allí, las palabras flotan sin dueño,
danzan etéreas… sin miedo a caer.
Pero el mundo despierta y me llama,
con su voz de relojes y prisa brutal.
El suelo es más frío que el lecho de trama,
donde mi pluma es reina inmortal.
Me alzo con sombras prendidas del pecho,
la historia inacabada me quiere arrastrar.
¿Es la pereza o es el hecho
de que el mundo real duele al pisar?
Y aun así, cada día me alzo,
con letras dormidas sobre la piel.
Porque escribir no es solo un descanso,
es la batalla de ser y de ver,
es lanzarse al abismo y volver a nacer.
Arriba, en el espacio, nada pesa… ni siquiera los más de 45.000 fotos y vídeos que tengo guardados en la nube. Sí, lo sé, una cantidad absurda, pero allí están, flotando en un universo digital sin gravedad.
En el espacio, los seres vivos somos iguales. No importa de dónde vengamos, cuánto pesemos o qué hayamos vivido. Todo es un milagro tejido por los espíritus del Universo. Y cada ser es un milagro en sí mismo.
Cada foto, cada vídeo es un portal a un instante irrepetible. Mirarlas es viajar en el tiempo, reencontrarme con momentos que parecían olvidados, con recuerdos que se han ido desdibujando como sueños lejanos.
Veo imágenes de mi infancia, desde mi nacimiento, y luego las de mis hijas, mis nietos… Cada uno de esos instantes capturados es un milagro. Me detengo en una foto: mi familia y yo en el Tibidabo, cuando aún éramos niños. No sabíamos lo que el futuro nos depararía, solo nos importaba reír, correr y montarnos en todas las atracciones posibles.
Otra imagen, otro salto en el tiempo. Revivo el dolor de aquella vez en Canarias, cuando casi muero al perder a mis gemelos. El dolor se mezcla con el amor que me sostuvo en aquel momento.
Y luego, una foto de una mesa repleta de vida: abuelos, tíos, primos, hermanos, todos juntos en un restaurante, hablando a la vez, riendo, discutiendo, siendo familia. Cuánta añoranza.
Cada imagen me recuerda por qué nunca dejaré de escribir sobre la familia y los recuerdos. Son mi refugio en los momentos malos y mi alegría en los momentos buenos. Son mi vida.
No quiero tus cenizas,
quiero tu ser,
tu aroma de madre,
tu beso de buenos días
y el de la noche.
No quiero olvidarte,
ni a ti ni a nuestros momentos,
ni todo lo que me enseñaste.
Quiero disfrutar de tu compañía,
de tus charlas,
acurrucadas en la cama,
durmiéndonos de la mano.
Quiero despertarme
y decirte: buenos días, mamá,
que mi sonrisa se funda en la tuya
y juntas hagamos eterno el tiempo.
Quiero pasear contigo,
descubrir nuevos paisajes,
ver la puesta de sol
y decirte cada día
cuánto te quiero.
La humanidad ha sido testigo, a lo largo de su historia, de innumerables conflictos, injusticias y tragedias que han marcado su devenir. Si analizamos la raíz de estos males, encontramos que emergen de cuatro venenos fundamentales: la codicia, el odio, la ignorancia y la perversión. Estas fuerzas destructivas han moldeado sociedades, erosionado valores y perpetuado el sufrimiento de generaciones enteras.
La codicia, ese insaciable deseo de poseer más de lo necesario, ha sido el motor de incontables guerras, explotación y desigualdades. La ambición desmedida de poder y riqueza ha llevado a la destrucción de comunidades enteras, a la devastación del medioambiente y al empobrecimiento de muchos en beneficio de unos pocos. La acumulación sin medida no solo corrompe al individuo, sino que también desgarra el tejido social, fomentando la avaricia y la desesperanza.
El odio, por su parte, es una llama que consume todo a su paso. Se alimenta de prejuicios, rencores y miedos infundados, y ha sido la base de conflictos interminables, discriminación y violencia. Desde los grandes genocidios hasta las pequeñas enemistades cotidianas, el odio ciega, divide y destruye. Su existencia impide la construcción de un mundo basado en la empatía y el respeto mutuo.
La ignorancia es un terreno fértil para el florecimiento de los otros males. Cuando el conocimiento se reemplaza por el fanatismo, cuando la verdad es distorsionada por la manipulación, la humanidad retrocede. La falta de educación y pensamiento crítico permite que se perpetúen mitos dañinos, que se rechace el progreso y que se mantengan sistemas injustos. La ignorancia impide a las personas reconocer la humanidad en el otro y las condena a repetir los errores del pasado.
Por último, la perversión es la manifestación más oscura de la naturaleza humana. Es la capacidad de disfrutar y perpetuar el sufrimiento ajeno, de utilizar el poder para someter y de justificar lo injustificable. Cuando la moralidad se tuerce y se utiliza como un arma de dominación, las sociedades entran en un ciclo de degradación que solo puede romperse con una profunda transformación ética.
Si queremos construir un mundo más justo y humano, debemos combatir estos venenos con sus antídotos: la generosidad frente a la codicia, el amor frente al odio, el conocimiento frente a la ignorancia y la integridad frente a la perversión. Solo mediante una conciencia colectiva despierta podremos aspirar a un futuro donde los males del mundo no sean el legado que dejemos a quienes vienen después de nosotros.
A los lectores nos encanta compartir nuestras lecturas: hablar sobre ellas, analizar lo que nos ha gustado, debatir lo que no, discutir el argumento, el estilo del autor, su originalidad o si realmente merece el reconocimiento que ha recibido.
Si alguien me pregunta: “¿Me recomiendas un libro?”, es posible que sugiera alguno de los que he leído, aunque quizá primero pregunte qué género le gusta más para afinar la recomendación. Cierro los ojos intentando recordar la mayoría de los títulos que han pasado por mis manos a lo largo de mi vida, y aun así, puedo encontrarme con la dificultad de recomendar uno en concreto.
Se suele pensar que recomendar un libro es una tarea sencilla, cuando en realidad no lo es en absoluto. Existen muchos factores que influyen a la hora de sugerir una lectura: conocer bien a la persona que pregunta, saber si es un lector habitual o alguien que apenas lee, o si compartimos gustos literarios. Si se trata de alguien cercano, tenemos una base sólida para acertar con la recomendación. Pero, ¿qué pasa si la petición viene de alguien con quien no tenemos mucha confianza?
En ese caso, el primer paso es recopilar información sobre sus preferencias para determinar qué tipo de lectura podría interesarle y, solo entonces, sugerir un título. Si el libro es para un adolescente, lo más adecuado sería optar por literatura juvenil, ya que aborda temas que probablemente le resulten más afines.
Además, preguntar por sus aficiones puede ser clave para hacer una recomendación acertada. Sus intereses nos pueden orientar hacia un género, un autor o un estilo de escritura concreto. Por ejemplo, si a la persona le apasiona la astronomía, ¿no sería lógico pensar que un libro de ciencia ficción ambientado en el espacio captará su atención?
Ahora bien, ¿porqué recomiendo mi libro?
Si tuviera que recomendar Ruth: un mundo entre el sonido y el silencio, lo haría sin dudarlo, porque es una historia que no solo informa y sensibiliza, sino que también emociona y deja huella.
Este libro nos invita a conocer la vida de Ruth, una niña con discapacidad auditiva, desde su infancia hasta la adolescencia. A través de su historia, comprendemos los desafíos que enfrenta, pero también su valentía, su capacidad de adaptación y el amor que la rodea. Es un testimonio de lucha, inclusión y superación, contado desde una perspectiva cercana y real.
Lo recomendaría especialmente a quienes desean comprender mejor la realidad de las personas con discapacidad auditiva, a padres, educadores y a cualquier lector que busque una historia inspiradora. Además, la manera en que está escrito hace que sea accesible y conmovedor para todo tipo de públicos. Ruth: un mundo entre el sonido y el silencio no solo nos muestra el mundo de Ruth, sino que también nos ayuda a ver el nuestro con otros ojos.
Hay cosas que sabes que no debes hacer, que no quieres hacer, pero por más que te resistas el amor se lo lleva todo por delante. Por qué da igual lo que hagamos , cuando nos damos cuenta, de que puedes admirar la voz de alguien, su expresión, sus manos, sus gestos…
Todo de esa persona te emociona y no te deja dormir por las noches. Amar a alguien y saber que ese alguien te ama, duele cuando es un amor imposible. Un sentimiento que no puedes para por más que lo intentes. Sentimientos fuertes de los que es imposible escapar. Sentimientos que se apoderan de todos nosotros.
1977 any on vaig començar a estudiar a l ‘ Acadèmia Salleras del carrer Còrsega de Barcelona. Durant tres anys compartíem classes, jocs al pati i sortides. Al calaix del menjador surten d’ un àlbum envellit, les 2 úniques fotografies dels carnavals.
2025 any actual. El telèfon sona i una veu d’ home pregunta si sóc l Esther Mena. Dic que sí. Tot seguit diu: soc en Ramón Planet, saps qui soc ? Jo tota contenta i amb pell de gallina dic: ostres si, de l Acadèmia Salleras. Ens saludem i el Ramón em diu que volen fer un dinar amb la classe després de quaranta i pico d anys. Dels trenta que érem a classe, malauradament tres són morts, que en pau descansin. Arranquem motors per trobar a tots els possibles. Fent un grup Sallerenc i començar a recordar el passat.
De cop el temps s’ atura i tanco els ulls veient imatges diluïdes d aquells anys. M’ he emocionat. De segur que aquest retrobament al mes de Maig no serà l ‘ últim…