La cama me ata con hilos de sueño,
un mar de ideas me cubre la piel.
Allí, las palabras flotan sin dueño,
danzan etéreas… sin miedo a caer.
Pero el mundo despierta y me llama,
con su voz de relojes y prisa brutal.
El suelo es más frío que el lecho de trama,
donde mi pluma es reina inmortal.
Me alzo con sombras prendidas del pecho,
la historia inacabada me quiere arrastrar.
¿Es la pereza o es el hecho
de que el mundo real duele al pisar?
Y aun así, cada día me alzo,
con letras dormidas sobre la piel.
Porque escribir no es solo un descanso,
es la batalla de ser y de ver,
es lanzarse al abismo y volver a nacer.

Preciosa
Sembla que ni falta ni sobra cap paraula
Moltes gràcies Rosa. Una abraçada