En un rincón del alma
descansa un lecho olvidado,
no es de sábanas ni de sueños,
sino de silencios que hieren.
Se esconde en la penumbra
la sombra de palabras no dichas,
la cama se vuelve testigo
de batallas internas, de ausencias.
Cada pliegue, cada arruga,
marca el eco de un adiós
y la rabia que se esconde
tras la aparente calma.
Pero en el susurro del tiempo
brotan semillas de reconciliación,
un verso, un latido que reconquista
el derecho a ser y a sanar.
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