La vida es frágil. Es bella, dolorosa a veces, sorpresiva, e impactante. La vida pende de de un hilo y no sabemos a qué venimos, por qué y qué tenemos o dejamos de tener. La vida es una y hay que vivirla.
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La casa de los abuelos
Uno de los momentos más tristes de nuestras vidas llega cuando se cierra para siempre la puerta de la casa de los abuelos , y es que, al cerrarse esa puerta, damos por finalizados los encuentros con todos los miembros de la familia, que en ocasiones especiales cuando se juntan, enaltecen los apellidos, como si de una familia real se tratase, y llevados siempre por el amor a los abuelos, cual bandera.
Cuando cerramos la casa de los abuelos , damos por terminado las tardes de alegría con tíos, primos, nietos, sobrinos, padres, hermanos, e incluso, novios que se enamoran del ambiente que allí se respira.
Ni siquiera hace falta salir a la calle, estar en la casa de los abuelos es lo que toda la familia necesitaba para ser feliz.
Los reencuentros en navidad que cada año que llegan piensas si será la última vez… Cuesta aceptar que esto tenga fecha límite, que algún día todo estará cubierto de polvo y las risas serán un recuerdo ido de tal vez tiempos mejores.
El año pasa mientras esperas estos momentos, y sin darnos cuenta, pasamos de ser niños abriendo regalos, a sentarnos junto a los adultos en la misma mesa, jugando desde el postre del almuerzo, hasta el cafecito de la cena, porque cuando se está en familia, el tiempo no pasa y ese café es sagrado.
Las casas de los abuelos siempre están llenas de sillas, nunca se sabe si una hija traerá a la novio, o a un amigo o al vecino, porque aquí todo el mundo es bienvenido. Siempre habrá una ollita con café, o alguien dispuesto a hacerlo.
Saludas a la gente que pasa por la puerta, aunque sean desconocidos, porque la gente de la calle de tus abuelos es tu gente, es tu pueblo.
Cerrar la casa de los abuelos, es decir adiós a los mejores momentos de la vida.
Mis primeras palabras como escritora…
Mis primeras palabras como escritora fueron tras leer la revista Esther y su mundo. Tendría unos 11 años y disfrutaba leyendo y viendo las viñetas que Purita Campos había plasmado en trozos de papel.


Mi mente llena de ilusión y de ganas de expresar todo lo que se me pasaba por la cabeza, desde entonces escribo y a partir de ahora comparto contigo todo este mundo interior mío que se ha soltado hasta convertir papel en libros. Deseo que disfrutéis, que lloréis, que os sorprendáis y me acompañéis. Que seáis parte de la magia de la escritura.

Abro la puerta de mi corazón y de mi mente al mundo, como hizo Esther en la revista. Gracias a esos pequeños y grandes escritores que nos pegaron las ganas de seguir siendo nosotros mismos y disfrutar de nuestra vocación.
¡No te Pierdas las Próximas Historias!
Si te ha inspirado este relato, no querrás perderte lo que está por venir. Cada semana, comparto relatos auténticos y reveladores que buscan transformar vidas y abrir nuevas perspectivas.
Sigue leyendo y sumérgete en historias que capturan la esencia de la experiencia humana. Mantente al tanto de mis últimas publicaciones y sé el primero en descubrir mis nuevos escritos maravillosos que están a punto de llegar.

