© Esther Mena, 2026.
El calendario tiene dos razones para guardar este día en el corazón: una tierra que celebra sus raíces y una madre que lleva ochenta y cinco años haciéndolas crecer.
Ochenta y cinco años… ¿cuántas primaveras caben dentro de una vida? ¿Cuántas mañanas, cuántas noches, cuántos sueños, cuántos caminos recorridos con la fuerza tranquila de quien siempre ha sabido amar?
Mamá, tú también eres tierra. Eres raíz, hogar, memoria. Eres esa voz que acompaña incluso cuando no dice nada, esas manos que han dado más de lo que jamás podrán explicar.
Has visto pasar los años como pasan las nubes sobre los campos y, a pesar de todo, has seguido sembrando: pequeños gestos, palabras, abrazos, recuerdos que hoy forman parte de nosotros.
Y quizá eso sea una vida: ir dejando huellas en los corazones de los demás sin darse cuenta.
Hoy Cataluña alza su voz, pero yo alzo la mía para decirte algo mucho más sencillo:
gracias, mamá.
Gracias por ser refugio, por ser raíz, por ser hogar.
Y que este once de septiembre no sea solo el día de una tierra que recuerda quién es, sino también el día en que nosotros recordamos quién eres tú para nosotros.
Ochenta y cinco años y todavía te queda mucho camino por recorrer.
Y nosotros, afortunados de caminar a tu lado, solo te pedimos una cosa:
que el tiempo sea generoso contigo y nos regale muchos onces de septiembre más para poder celebrar que aún estás aquí,
mamá, nuestra raíz, nuestro hogar, nuestro amor.
Te quiero.
