© Esther Mena, 2026.
Esta semana
la muerte ha pasado cerca.
No ha llamado a mi puerta,
pero he escuchado sus pasos.
He visto sillas vacías.
He visto ojos llenos de recuerdos.
He sentido el peso de los silencios
y de las palabras dichas demasiado tarde.
Y he pensado
que la vida es extraña.
Tan frágil
que a veces se escapa
entre una risa y un suspiro.
Pero también he visto
manos que se buscan.
Abrazos.
Lágrimas compartidas.
Y personas que siguen amando
incluso cuando ya no pueden tocarse.
Mañana volveré a reír.
Volveré a jugar con los niños.
Volveré a mirar el cielo,
a escribir,
a amar.
Porque la mejor manera
de honrar a quienes se marchan
no es quedarse inmóvil.
Es seguir viviendo.
Y vivir
con el corazón bien abierto.
Como si cada día
fuera un regalo.
