La lluvia besa la tierra dormida,
caricia de agua, voz contenida.
Se filtra en las hojas, danza en el suelo,
dibujando espejos de un gris terciopelo.
Canta en los tejados, murmura en los charcos,
teje nostalgias en hilos opacos.
Despierta memorias, aquieta el sendero,
borra las huellas de un mundo ligero.
Y cuando se apaga su dulce lamento,
deja en el aire su aroma y su aliento.
Susurra promesas, renace en rocío,
y en cada gota, florece el olvido.
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