© Esther Mena, 2026
En un pueblo antiguo, de piedra y silencio,
un dragón respiraba sombras y miedo,
y el cielo, angustiado, guardaba historias
que aún no habían nacido en verso.
Salió un caballero de mirada limpia,
no solo de espada, también de corazón,
y en cada paso llevaba esperanza,
como quien escribe sin temor.
Cuando la bestia cayó vencida,
la tierra floreció en rojo vivo,
y de aquella sangre, hecha rosa,
nació un relato sencillo y vivo.
Yo, escritora de sueños valientes,
con un libro de poemas entre las manos,
camino entre rosas y libros abiertos
con el corazón latiendo, lleno de anhelos.
Cada página es un trozo de vida,
cada verso, un pedazo de mi ser,
y hoy los ofrezco al mundo
con la ilusión de quien empieza a creer.
Porque la felicidad no es solo leyenda,
ni dragones ni gestas de un tiempo atrás,
es dar la propia voz al silencio
y dejar que el mundo la pueda abrazar.
Y así, en Sant Jordi, entre miradas,
sonrisas, palabras y emoción,
yo también florezco en tinta viva,
entregándome entera en cada canción.
