© Esther Mena.
Levanté paredes con calma y sudor,
cada ladrillo llevaba mi amor.
Planté flores, sueños e ilusión,
bajo un techo que era mi bendición.
Un día llegaron sin avisar,
abrieron la puerta y se fueron a instalar.
Sin mirarme, sin preguntar,
como si lo mío fuera aire para tomar.
Me quedé fuera, mirando el portal,
con la llave en la mano y el alma en vilo.
Me dicen que espere, que tengo el derecho,
pero la ley duerme, y el tiempo es castigo.
No quiero venganza, solo equidad,
que el que roba un hogar sienta la verdad.
Que la justicia despierte del sueño,
mientras el pueblo sufre en silencio.
Pero no me rindo, no pienso ceder,
porque mi casa es más que un tener.
Es mi historia, mi gente, mi razón
y lucharé por ella hasta el corazón.
