© Esther Mena, 2026
Hay sentimientos que no se pueden explicar… solo sentir.
Este poema nace de ese instante en el que miras a alguien y, sin saber cómo, ya quieres entender todo lo que no se ve: sus silencios, sus fragilidades, su verdad más escondida.
Habla del amor que no se toca, pero atraviesa.
De la vulnerabilidad que nos hace humanos.
Y de ese hilo invisible que nos une cuando nos atrevemos a sentir de verdad.
El amor
es algo metafísico.
Que va más allá de lo visible…
No se ve,
no se toca,
pero atraviesa.
Dos almas
que se reconocen
incluso antes
de saber el nombre.
Y entonces…
te asombras,
te pierdes,
te lanzas.
Te haces preguntas
que te queman por dentro,
imaginas los instantes
que no puedes ver
como si fueran tuyos.
Cómo será
cuando esté a solas,
cuando nadie mire,
cuando despierte con los ojos entreabiertos
y el mundo aún en silencio…
Cómo será
cuando se canse de todo,
cuando se aburra,
cuando la vergüenza le encienda la piel,
cuando baje las defensas
y sea solo él.
Y es ahí
donde todo se vuelve vértigo.
Porque sin darte cuenta,
ya estás dentro.
Muy dentro.
No en su vida—
sino en lo que no muestra a nadie.
Y te quedas.
Sin permiso,
sin garantías,
sin saber cómo acabará.
Porque amar
es eso:
mirar lo invisible,
desearlo,
tocarlo con el alma…
y no querer marcharse nunca.