© Esther Mena, 2026
Hoy te miro, mamá,
y el tiempo se detiene en tus ojos,
llenos de vida
y de historias que me habitan.
Ochenta y cuatro primaveras
y aún floreces,
como una rosa valiente
que no entiende de finales.
Tus manos
han sido refugio,
han cosido mis miedos
con hilos invisibles de amor.
Has sido hogar
cuando todo temblaba,
luz
cuando el camino se apagaba.
Y ahora…
la vida nos regala otro capítulo:
Londres nos espera, mamá.
Pasearemos juntas
como si el tiempo fuera nuestro,
con el corazón ligero
y las risas en el bolsillo.
Será más que un viaje,
será un recuerdo que crece,
un pedacito de eternidad
cosido entre tú y yo.
Hoy celebro a todas las madres,
las que dan sin medida,
las que aman en silencio.
Pero tú…
tú eres mi raíz
y mi camino.
Y mientras caminamos juntas,
seguiré siendo aquella niña
que encuentra en ti
su lugar en el mundo.
Feliz día, mamá.
Te quiero
