© Esther Mena, 2026
Hay días
en que el cuerpo pesa más que el silencio,
y el alma camina
con pasos pequeños,
como si el mundo fuera demasiado grande.
Pero aun así,
hay una luz que no se apaga,
una voz muy fina
que te susurra:
“continúa…”
Que todavía,
al levantarte, comienza
una nueva lucha
que nunca se acaba.
Salga el sol o haya tormenta,
como la vida misma,
con una fuerza que empuja…
y las horas pasan.
Y en medio de todo,
sin hacer ruido,
algo dentro de ti
permanece en pie.
No grita,
no se impone,
pero no se rinde.
Y es eso—
tan pequeño y tan inmenso—
lo que te salva
cada día.
