© Esther Mena, 2026
En milésimas de segundo, la vida cambia de dirección. Dos trenes, un instante, y el tiempo se quiebra como un espejo al caer al suelo.
Lo cotidiano se vuelve ausencia, el mañana queda suspendido, y los nombres se llenan de silencio. Familias que ayer reían, hoy abrazan el vacío con las manos temblorosas.
Quizá deberíamos decir más a menudo te quiero, sin esperar el momento perfecto, sin guardarlo para mañana. Decirlo ahora, como quien enciende una luz antes de que llegue la noche.
No hay consuelo para la pérdida, solo presencia. Estar. Escuchar. Respetar el tiempo del dolor, sus etapas, sus silencios.
Que cada cual recorra el duelo cuando y como pueda, cuando el corazón esté preparado, aunque nunca se olvide. Porque recordar también es amar, y amar es una forma de mantener vivos a quienes ya no están.
Hoy, nuestro pensamiento está con las víctimas y sus familias. Que nuestro silencio sea respeto, y nuestras palabras, un abrazo.
