© Esther Mena, 2026
Llegan las vacaciones de verano. Para muchos niños son días de libertad, de juegos y de sueños. Pero no todas las familias viven estos meses con la misma tranquilidad.
Pienso en aquellos niños que no pueden asistir a un campamento o a una escuela de verano porque sus padres trabajan y no disponen de los recursos necesarios. Pienso en las madres y los padres que salen de casa con el corazón encogido, preguntándose si sus hijos estarán bien hasta que regresen.
También pienso en esas noticias que golpean nuestra alma. Niños que han perdido la vida a causa de un accidente doméstico, de un descuido involuntario o de una fatalidad inesperada. Historias que nos recuerdan que la vida es extremadamente frágil y que, en un solo instante, todo puede cambiar.
No escribo estas palabras para juzgar a nadie. Las escribo porque detrás de cada tragedia hay personas que amaban profundamente a sus hijos y que tendrán que convivir para siempre con un dolor imposible de explicar.
Quizás este verano deberíamos mirar un poco más a nuestro alrededor. Tender la mano cuando sea posible. Ofrecer ayuda, compañía o apoyo. Porque, a veces, los pequeños gestos son los que construyen una red capaz de proteger a los más vulnerables.
La infancia es un tesoro que todos compartimos la responsabilidad de cuidar.
Los niños del verano
Cuando llega el verano dorado y el sol enciende las calles, hay risas que vuelan libres y sueños que crecen sin nadie que los calle.
Pero también hay ventanas abiertas a silencios demasiado largos, niños que cuentan las horas mientras los adultos recorren caminos amargos.
Pequeños corazones llenos de esperanza, ojos que buscan protección, manos pequeñas que confían en nuestra atención.
Y pienso en la fragilidad que acompaña cada instante, en cómo la vida puede romperse sin avisarnos, en un momento inesperado.
Por eso, cuando llegue el verano, no olvidemos mirar alrededor. Cada niño es una luz encendida, un tesoro inmenso y lleno de valor.
Que nunca les falte una mirada, una palabra o un abrazo. Porque el amor que hoy ofrecemos puede ser mañana su refugio más cálido.
