© Esther Mena
Dios ha elegido entre los hombres
una voz serena, un corazón fiel,
para guiar con humildad los nombres
que el cielo abraza con su laurel.
Las llaves de Pedro ya reposan
en manos de un nuevo pastor,
y el mundo espera que le brotan
caminos de paz, de fe y amor.
Que sea puente entre las tierras,
que abrace al pobre y al herido,
que no le asusten ya las guerras
y rece por quien se ha perdido.
Hoy la fe renace en las voces,
la plaza canta, el humo es blanco:
el Santo Espíritu nos trae entonces
esperanza nueva y un rumbo franco.
Categoría: Uncategorized
