© Esther Mena.
Agosto ya se ha ido,
con su calor intensa
que aún quema en la memoria.
Septiembre llega con normalidad:
los niños regresan a la escuela,
el trabajo retoma su ritmo,
y las tardes, más suaves,
nos invitan a sentarnos al fresco.
En un abrir y cerrar de ojos, el verano acaba.
Nos deja recuerdos dulces,
instantes compartidos con la familia,
y también la sombra amarga
de quienes nos han dejado en vida.
El otoño llega con perfume de viñas,
con el vino y el cava que encienden las charlas.
Bajo la higuera, un libro en las manos,
y los higos dulces en la boca
me devuelven a la infancia,
cuando el tiempo tenía sabor a sencillez
y el mundo era eterno en un instante.
