© Esther Mena.
Al final del día,
agradezco lo que ha sido luz,
la sonrisa que me ha buscado sin motivo,
el gesto amable,
la palabra suave que me ha tocado el alma.
Aprendo de lo que dolió,
de lo que no fue como esperaba,
de los pasos errantes
que también llevan de regreso a casa.
Tomo un papel
y escribo los nombres de las almas
que han sido luz en mi camino.
Las miro con los ojos del corazón
y digo: gracias por haber estado,
lo siento por cuando no supe verte.
Porque expresar lo que siento
es soltar el peso del día
y abrir las manos al perdón,
como quien deja volar una hoja
y encuentra, en el silencio, la paz.
